2012-06-22 Radio Vaticana

(RV).- Con gran gozo Benedicto XVI recibió esta mañana al primer grupo
de Pastores de la Iglesia de Dios que peregrina en Colombia, que
viajaron a Roma para realizar su visita
ad limina y estrechar así
los vínculos que los unen con la Sede Apostólica. En su calidad de
Sucesor de Pedro, el Papa destacó que se trata de una preciosa
oportunidad para reiterarles su afecto y cordialidad. En efecto, tras
agradecer las amables palabras que le dirigió en nombre de todos
Monseñor Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá y Presidente de la
Conferencia Episcopal colombiana, en que le presentó las realidades que
los preocupan, así como los desafíos que deben afrontar las comunidades
que presiden en la fe, Su Santidad les dijo:
(Audio)
Conozco
los esfuerzos que, tanto en el seno de la Conferencia Episcopal como en
sus Iglesias particulares, han hecho en los últimos años para concretar
iniciativas encaminadas a fomentar una corriente de renovada y
fructífera evangelización. En efecto, Colombia no es ajena a las
consecuencias del olvido de Dios. Mientras que años atrás era posible
reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su
referencia al contenido de la fe y a cuanto inspirado en ella, hoy no
parece que sea así en vastos sectores de la sociedad, a causa de la
crisis de valores espirituales y morales que incide negativamente en
muchos de sus compatriotas. Es indispensable, pues, reavivar en todos
los fieles su conciencia de ser discípulos y misioneros de Cristo,
nutriendo las raíces de su fe, fortaleciendo su esperanza y vigorizando
su testimonio de caridad.
Tras destacar que los Obispos
colombianos han plasmado sus anhelos evangelizadores en el Plan Global
de la Conferencia Episcopal como resultado de un consciente
discernimiento de la hora que vive la Iglesia en Colombia, el Pontífice
añadió:
(Audio)
Les
quiero animar a que sigan con tenacidad y perseverancia las pautas en
él trazadas. Háganlo afianzando la comunión a la que están llamados los
Obispos en el ejercicio de su misión, pues, concordando planteamientos
pastorales y aunando voluntades, el ministerio que el Señor les confió
alcanzará copiosos frutos. Con este mismo objetivo, aprovechen las
reflexiones de la próxima Asamblea general ordinaria del Sínodo de los
Obispos, así como las propuestas del “Año de la fe” que he convocado,
para ilustrar con ellas su magisterio e irrigar benéficamente su
apostolado.
En cuanto al creciente pluralismo religioso como
un factor que exige una seria consideración, el Papa les dijo que “la
presencia cada vez más activa de comunidades pentecostales y
evangélicas, no sólo en Colombia, sino también en muchas regiones de
América Latina, no puede ser ignorada ni minusvalorada”. Y añadió que
“es evidente que el pueblo de Dios está llamado a purificarse y a
revitalizar su fe dejándose guiar por el Espíritu Santo, para dar así
nueva pujanza a su acción pastoral”, puesto que –como dijo Benedicto
XVI– “muchas veces la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo
hace por lo que los grupos ‘no católicos’ creen, sino fundamentalmente
por lo que ellos viven; no por razones doctrinales sino vivenciales; no
por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas
teológicos sino metodológicos de nuestra Iglesia” (V Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano y del Caribe,
Documento conclusivo, n. 225).
De ahí que el Papa les ofreciera algunas recomendaciones:
(Audio)
Se
trata, por tanto, de ser mejores creyentes, más piadosos, afables y
acogedores en nuestras parroquias y comunidades, para que nadie se
sienta lejano o excluido. Hay que potenciar la catequesis, otorgando una
especial atención a los jóvenes y adultos; preparar con esmero las
homilías, así como promover la enseñanza de la doctrina católica en las
escuelas y universidades. Y todo esto para que se recobre en los
bautizados su sentido de pertenencia a la Iglesia y se despierte en
ellos la aspiración de compartir con otros la alegría de seguir a Cristo
y ser miembros de su cuerpo místico. Es importante también apelar a la
tradición eclesial, incrementar la espiritualidad mariana y cuidar la
rica diversidad devocional. Facilitar un intercambio sereno y abierto
con los otros cristianos, sin perder la propia identidad, puede ayudar
igualmente a mejorar las relaciones con ellos y a superar desconfianzas y
enfrentamientos innecesarios.
Su Santidad también les pidió
que “movidos por el celo apostólico y mirando al bien común, no dejen
ustedes de individuar cuanto entorpece el recto progreso de Colombia,
buscando salir al encuentro de los que se hallan privados de libertad
por causa de la inicua violencia”. Y añadió textualmente:
(Audio).
La
contemplación del rostro lacerado de Cristo en la Cruz les ha de
impulsar también a redoblar las medidas y los programas tendentes a
acompañar amorosamente y a asistir a cuantos se hallan probados, de modo
peculiar a los que son víctimas de desastres naturales, a los más
pobres, a los campesinos, a los enfermos y afligidos, multiplicando las
iniciativas solidarias y las obras de amor y misericordia en su favor.
No olviden tampoco a quienes tienen que emigrar de su patria, porque han
perdido su trabajo o se afanan por encontrarlo; a los que ven
avasallados sus derechos fundamentales y son forzados a desplazarse de
sus propias casas y a abandonar sus familias bajo la amenaza de la mano
oscura del terror y la criminalidad; o a los que han caído en la red
infausta del comercio de las drogas y las armas.
El Obispo de
Roma añadió asimismo que desea alentarlos “a proseguir este camino de
servicio generoso y fraterno, que no es resultado de un cálculo humano,
sino que nace del amor a Dios y al prójimo, fuente en donde la Iglesia
encuentra su fuerza para llevar a cabo su tarea, brindando a los demás
lo que ella misma ha aprendido del ejemplo sublime de su divino
Fundador”. Y agregó la siguiente consideración:
(Audio)
Queridos
hermanos en el Episcopado, si la gracia de Dios no lo precede y
sostiene, el hombre pronto flaquea en sus propósitos por transformar el
mundo. Por eso, para que la luz de lo Alto continúe haciendo fecundo el
empeño profético y caritativo de la Iglesia en Colombia, insistan en
favorecer en los fieles el encuentro personal con Jesucristo, de modo
que oren sin desfallecer, mediten con asiduidad la Palabra de Dios y
participen más digna y fervorosamente en los sacramentos, celebrados a
tenor de las normas canónicas y los libros litúrgicos.
De
este modo, dijo el Papa al concluir, “todo esto será cauce propicio para
un idóneo itinerario de Iniciación Cristiana, invitará a todos a la
conversión y a la santidad y cooperará a la tan necesaria renovación
eclesial”. Y antes de impartirles su Bendición Apostólica, Benedicto XVI
pidió al Omnipotente que el Nombre de nuestro Señor Jesús sea
glorificado en ellos, y ellos en Él (cf.
2 Ts 1,12), a la vez que los puso bajo el amparo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, celestial Patrona de Colombia.
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